24 abr. 2008

Max Aub. El laberinto mágico I. Campo cerrado


... El otro aprendiz, cachigordete y fargallón, sólo habla de fútbol; del gol de Alcántara en Burdeos, del traspaso de Samitier, de la semana de diarrea que tuvo él cuando lo supo. Echa llamas, sapos y víboras, orín y cámaras cuando alude al Club deportivo Español, entidad anticatalanista, sostenida por algunos industriales en mal de baronías o marquesados o del reconocimiento afectuoso del Gobernador. Dios, o séase Zamora, ha dejado de ser Dios, a pesar de ser catalán, desde que pertenece a esa compañía. Y eso que las razones crematísticas ablandan corazones. Rafael no alcanza a comprender ni interesarse por la batalla de los goles, y menos con su actual salsilla política. (Va a desaparecer la dictadura de Primo de Rivera; las contiendas Barcelona-Español no volverán a tener el frenesí de aquellos años). A Rafael le parecen muchos hombres veintidós para un solo balón de cuero.

Max Aub. El laberinto mágico I. Campo cerrado
Ediciones Alfaguara/Bruguera 1978

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