19 jun. 2010

Infinita nostalgia

Autor Pol Borrás
1957. Eran los grandes. Los que más de dos décadas atrás dotaron al swing de fibra y terciopelo. Billie entra a la sala donde la CBS grabó el tema. Los músicos la miran y la rodean como la majestuosa cantante que fue. Canta con esa mezcla de cansancio y pesadumbre con la que afinaba la voz en los últimos años de su vida. Allí están para aportar al momento sus solos Coleman Hawkins, Roy Eldridge, Ben Wesbter...
Pero Lester Young, el regio Lester Young, solo necesita 12 compases  y muy pocas notas para regalarnos una improvisación universal, excelente ejecución melódica y rítmica, redonda. Lo más fascinante es la expresión de Billie mientras Lester, su amigo enfermo, toca. Es como si el saxofonista hablara a través del instrumento en  un lenguaje tierno y cómplice que solo él y la cantante pueden entender.
Cuenta la historia que dos años más tarde cuando Billie acudía al funeral de Lester, le comentó al crítico musical que la acompañaba: Yo seré la siguiente.
Cuatro meses después Billie nos dejaría para siempre.
Billie Holiday suplió las carencias físicas de sus últimas interpretaciones con su inmenso talento. En este Fine and mellow Lady Day canta lágrimas, llora música. Infinita nostalgia.


Toni Pedrol. La Teoría del Taburete. Barcelona. Junio 2010

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